Los enemigos de las vacaciones

En este periodo de vacaciones, sin importar si decides embarcar, abordar o agarrar carretera, existen dos enemigos en tus finanzas que pueden hacer de la más placentera de las experiencias, la peor. Aprende a identificarlos y gánales la batalla:

No llevar un control de gastos

Es fundamental que lleves un presupuesto o al menos sepas con exactitud con cuánto dinero puedes gastar. Esto para que evites gastar el total de esa cantidad. De ser posible deja una pequeña porción y ahórrala. Si no es posible, no te preocupes, pero no establécelo como límite y no lo violes (aunque se oiga feo)

Otra parte importante de este control es anotar, en donde quieras, lo que vas gastando. Estoy seguro que habrá más de uno que (como yo) se jacte de recordar todo gasto mentalmente. Esto no es más que una mentira y te darás cuenta la primera ocasión que vayas anotando todo. ¿Tienes iPod, iPad o Blackberry? Entonces no tienes pretextos, te toma 10 segundos por cada operación y te hará muy consciente de qué tanto gastas (gastamos) cuando estamos de vacaciones. En lo personal me gusta mucho la aplicación Wallet+ para iPod o iPhone, pero en cualquier lugar de notas en tu celular o a la antigüita, en papel, podrás llevar este control. Hazlo y te sorprenderás. (Y cuidarás más el dinero).

Si ya de plano te vas a pasar del límite, trata de que vaya de la mano con tu ingreso esperado, es decir, que puedas pagarlo a futuro. Trata de que sea a meses sin intereses y que represente el menor sacrificio para ti. Acuérdate que todo lo que compres, tarde o temprano, debes pagarlo. No te fíes del plástico.

Arrepentimiento

No hay cosa peor que el sentimiento de arrepentimiento de una compra, gasto o viaje. Si lo planeaste con tiempo y está dentro de tu presupuesto (para esto básate en los puntos anteriores), deja de sufrir y disfruta el tiempo y espacio que conseguiste con tu esfuerzo. Recuerda que el ahorro no es más que la postergación del consumo. Que no te duelan tus decisiones financieras, esto se logra a través de una correcta planeación y un buen control de gastos. Recuerda que las vacaciones están hechas para disfrutarse y pasarla de lo mejor. ¡Cero arrepentimientos!

¿Cómo le hago para llevar mi empresa a la Bolsa?

En México, llevar tu empresa a la bolsa requiere de una buena planeación y respaldo financiero. Primero, debes de estar inscrito en Registra Nacional de Valores y cumplir los requisitos que emite la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

 

Esta es parte de la lista de requisitos:

  • Por lo menos 3 años de haberse constituido y haber empezado operaciones
  • Contar con un capital contable mínimo de 20 millones de UDIS (Algo poco más de 7.1 millones de USD)
  • La suma de los 3 últimos ejercicios contables debe de ser positiva
  • El valor de la oferta pública debe de comprender el 30% del capital social pagado
  • Debe de haber mínimo de 100 accionistas después de la colocación

Después de ya cubrir los costos de colocación, existen costos que deben de mantenerse para que la empresa pueda mantenerse registrada:

  • Contar con un capital mínimo de 10 millones de UDIs en último ejercicio fiscal
  • Conservar distribuida entre el público tal cantidad de acciones que representen 20% del capital pagado de la sociedad
  • Contar con un mínimo de 50 socios

Además de esto es necesario tener a la mano toda la documentación de carácter legal, la corporativa y la que mencionábamos de estados financieros. La BMV y CNBV pueden llegar a pedir cualquier información complementaria. Debe de presentarse por duplicado en todo caso y con firmas del representante legal.

A esto hay que sumarle el costo de colocación que es a discreción de una casa de bolsa. Además de esto, te dejo un poco más de información que podrás encontrar en las circulares de la Bolsa Mexicana de Valores.

¿Por qué le decimos Bolsa a la Bolsa?

Lo escuchamos cada día: que si la Bolsa subió y que si bajó. Pero, ¿Por qué se le conoce como bolsa? Estaba leyendo el libro Para entender la Bolsa, de Arturo Rueda cuando la respuesta apareció: Existen 2 versiones: la primera afirma que viene del latín Bursa, que significa bolsa o saco de piel, en donde cabe de todo, incluso dinero, títulos y valores. Como en el mercado vemos que se negocia de todo, los especialistas en lenguajes e idiomas afirman que con el paso del tiempo se optó por llamarlas bolsas.

 

Existe otra versión de historiadores económicos, que afirman que la palabra Bolsa tomó su nombre de una famosa familia de comerciantes que vivía en Brujas, ciudad de Flandes en el siglo XV: la familia Van der Buerse. (En su escudo familiar tenían dibujadas 3 bolsas de piel) En las bocas de esas bolsas se veía una aglomeración de gente para dar a entender que quienes tuvieran negocios que celebrar, tenían que acudir a la bolsa, a la Bourse. Por eso, dicen, fue que a los mercados se les comenzó a llamar “bolsas”.

 

Así que a ciencia cierta aún se desconoce cuando y por qué se empezó a referir al mercado como Bolsa, lo que no es coincidencia, es que el primer mercado organizado se constituyera en la ciudad de Brujas, en lo que ahora es Bélgica, en 1409. Fue hasta 1460, cuando se estableció la segunda bolsa en la ciudad de Amberes y un poco después, en la ciudad de Lyon, en Francia.

 

Así que ahora, cada vez que escuches el término Bolsa, sabrás dónde tiene sus orígenes como referente del mercado.  Recuerda que existen 3 tipos de mercado: de valores, de capitales y de dinero.

 

El mercado de valores permite venta y compra de acciones y títulos de deuda, el de capitales permite financiamiento (instrumentos de deuda) a mediano y largo plazo, el de dinero busca financiamiento (instrumentos de deuda) de corto plazo.

 

Como buenos mexicanos…

Existe una frase muy arraigada dentro de nuestra cultura que menciona que como buenos mexicanos, dejamos todo al último. Ayer, mientras la sub-17 se coronaba campeón del mundo en fútbol, volvimos a darnos cuenta: el segundo gol cayó hasta el tiempo de compensación y fue hasta entonces que dejamos el nerviosismo atrás. Sin embargo, queda una gran lección de estos chicos: lo que se deja al último debe ser lo negativo. Durante todo el partido vimos entrega, garra y coraje, además de talento y dedicación.

Más allá de los goles, estos chicos no perdieron de vista el objetivo, dieron todo en la cancha. Lo que se quedó al último fue el miedo y la mentalidad de que no se le puede pelear a quien sea en busca de nuestros objetivos.

 

Esto creo es la diferencia en la famosa frase de que el mexicano deja todo al último. En esta frase  hace gala de que hacemos todo al ahí se va, con el mínimo esfuerzo y a las carreras. Incluso como presumiéndolo, decimos que dejamos todo al último como si trazarnos objetivos de tiempo y espacio fuera imposible para este país. Y lo vemos en el trabajo, en las escuelas, en la política, por un momento, todo parece hacerse al último, porque creemos pertenecer a esa cultura.

 

Trayéndolo a las finanzas personales, ¿No será posible hacer lo que hicieron estos chavos? ¿Qué tal planear a dónde quieres llegar en 1, 2, 5 años? ¿O apoco crees que estos chavos lo hicieron todo en 1 mes? Este campeonato no es sino el esfuerzo que realizaron día a día, dejando atrás fantasmas y viejas mentalidades. Estoy seguro, que también tuvieron sus decepciones y sus sacrificios, sin embargo, aquí están alzando una copa del mundo a sus 17 años.

 

A veces, nos quejamos de la falta de dinero y/u organización en nuestras vidas. Pero, ¿qué tanto estamos dispuestos a hacer para mejorar?

 

Creo en la importancia del soñar y trazarse grandes metas. Existen testimonios y pruebas que a veces nos parecen muy lejanas, sin embargo, lo que ayer pasó debe ser un gran ejemplo de que las cosas SUCEDEN. Pensándolo bien, como BUEN mexicano sólo algo debe dejarse al último en nuestras vidas: la apatía.

¿Cómo se calcula el rendimiento y riesgo de una inversión?

Cuando hablamos de invertir, la primer cosa con la que “medimos” al instrumento es el rendimiento. A todos nos gustaría tener una inversión en la que recibamos un gran porcentaje de rendimiento. Pero como nada es gratis, todo rendimiento tiene un costo y al invertir este costo se le llama riesgo. De modo que si quieres mayor rendimiento tienes que tolerar mayor riesgo, y si quieres un riesgo menor, debes de considerar que tendrás un rendimiento menor. Este intercambio es lo que da pauta a tantos y tantos portafolios e instrumentos de inversión.

¿Cómo se calcula el rendimiento?

Todos los instrumentos tienen un precio que se mueve cada cierto periodo. El rendimiento no es más que el cambio porcentual en el precio para un periodo determinado. Es muy sencillo de calcular, supongamos que tienes 2 fechas y sus respectivos precios:

De este modo el rendimiento se determina dividiendo el último precio entre el anterior y restando uno: 150/100 -1 = 50% de rendimiento.

¿Qué hay del riesgo?

El riesgo en los instrumentos también se puede cuantificar y se hace de forma relativamente sencilla. En términos concretos, el riesgo se define como la desviación estándar de los rendimientos, es decir, de la serie que se genera con la fórmula que vimos anteriormente. Existen dos tipos de desviación estándar, muestral y poblacional, pero para términos prácticos se usa la poblacional. Aquí está su fórmula.

En la práctica, lo que nos dice la desviación estándar es que tanto se alejan o desvían los rendimientos individuales del rendimiento promedio.

Existen otras medidas como la descubierta por Riskmetrics, el famoso VaR o Value at Risk, que dice con cierto grado de certeza la probabilidad de que haya pérdidas más allá de un nivel determinado en tu inversión.

El truco al invertir

De modo que lo importante al invertir es saber el grado de intercambio que estás dispuesto a hacer entre riesgo y rendimiento. ¿Recuerdas las preguntas sobre tu perfil de inversionista? Van encaminadas hacia determinar este nivel. Esta relación entre riesgo y rendimiento ha sido el pilar fundamental en las finanzas y es conocida la piedra angular desde los 50’s. Encontrar un portafolio “óptimo” depende de ti solamente, ya que va en función de tu tolerancia al riesgo. De modo que es fundamental conocerte primero, para determinar la inversión correcta. Aléjate de las personas que te ofrezcan altos rendimientos a cambio de bajo riesgo, porque esto no sucede. También recuerda que lo que funciona para algunos, es demasiado riesgoso para otros, así que realiza el cuestionario y crea la estrategia correcta para ti.

Tu perfil de inversionista: las preguntas para conocerlo

Existen diferentes tipos de cuestionarios para identificar tu perfil al invertir, pero las preguntas buscan identificar 4 cosas principales: tus metas al invertir, tu horizonte de inversión, tu tolerancia al riesgo, y tu experiencia invirtiendo.

Tus metas al invertir

Aquí las preguntas van enfocadas a: ¿para qué estás invirtiendo? Educación, vacaciones, liquidez, rendimientos, tu retiro o por simple gusto. Esto debe de tomarse en cuenta para identificar los lineamientos básicos de tu inversión. Esta va de la mano con la siguiente característica principal.

Preguntas:

¿Qué porcentaje de mi ingreso representa esta inversión?

¿Qué busco hacer con los rendimientos de esta inversión?

¿Cuánto busco ganar, en porcentaje?

Tu horizonte de inversión (el tiempo)

Ya que sabes a dónde vas, lo demás se vuelve más sencillo. La segunda cosa que debes identificar es tu plazo de inversión. Recuerda la frase: Roma no se hizo en un día. Si quieres despreocuparte por el dinero para cuando te retires, debes de empezar a invertir ya e ir paso a paso. Por el contrario, si quieres rendimientos para unas vacaciones, el tiempo es mucho más corto y da pauta a una inversión más agresiva.

Preguntas:

¿En cuánto tiempo necesito el dinero?

¿Haré retiros cada cierto periodo?

Tu tolerancia al riesgo

Basándose en las metas y el tiempo, el asesor ya se puede dar cuenta de lo que necesitas. Ahora lo importante es que te sientas cómodo con el plan. Las preguntas de tolerancia al riesgo van enfocadas a pérdidas y cómo te sentirías si ocurrieran. ¿Te molestaría? ¿Entrarías en pánico? ¿Te daría igual? Depende de tus respuestas el plan se modifica para que te sientas tranquilo sea cual sea tu decisión.

Pregunta:

En caso de una minusvalía en tu inversión ¿la mantendrías?

Tu experiencia invirtiendo

En esta sección te harán preguntas para conocer tu conocimiento sobre cómo y en dónde has invertido. Esto porque generalmente las personas con experiencia saben de las fluctuaciones del mercado y también saben de su tendencia positiva en el largo plazo. ¿Esto qué significa? Que son más tolerantes al riesgo.

Preguntas

 ¿Has invertido previamente? ¿En qué instrumentos?

Algunas notas:

  • Generalmente, a mayor plazo, mayor libertad de movimiento para tu asesor y mayor probabilidad de cumplir tu meta.
  • El portafolio “óptimo” no existe, este se define por la satisfacción del cliente y su tolerancia al riesgo y el rendimiento recibido.  Lo importante es que te sientas cómodo y despreocupado.
  • Recuerda que en el largo plazo sí existe una tendencia alcista o progresista del mercado. Sin embargo, esto no significa que invertir en estos instrumentos sea lo adecuado para ti. No te dejes impresionar por los rendimientos.
  • Al tomar toda tu información el asesor determina que tan agresiva o conservadora debe ser tu inversión. Es un traje a tu medida y lo que funciona para otros, no necesariamente funcionará para ti. En cuánto te sientas cómodo con la estrategia, habrás encontrado tu inversión.

Queda pendiente explicar cómo se calcula el rendimiento y el riesgo en las inversiones. ¡Nos leemos pronto con lo mero bueno de las inversiones!

¿Cuál es tu filosofía al invertir?

Imagina que irás 2 días al casino y existe un juego en el que puedes duplicar tu dinero tirando una moneda. En cada uno de los días se te presentan las siguientes opciones para ganar dinero:

El primer día te ofrecen:

a)    Una ganancia segura de $500 ó

b)   Una probabilidad 50/50 de ganar $1,000 ó recibir $0 (o sea perder todo)

¿Qué escoges, a ó b?

El segundo día te ofrecen:

a)    Una pérdida segura de $500 ó

b)   Una probabilidad 50/50 de ganar $1,000 ó recibir $0 (o sea perder todo)

¿Qué escoges, a ó b?

De acuerdo a varios estudios en la rama de “Behavioral Finance” o Finanzas del comportamiento, en el primer día la mayoría de nosotros escogeríamos a opción a, la ganancia segura de $500 y no arriesgamos ese dinero.

En el segundo día, al ver que la pérdida es segura, decidimos correr el riesgo y apostar por la opción b, queremos ganar $1,000. Lo curioso del asunto es que ambos días presentan exactamente el mismo escenario de probabilidad, lo que cambia es nuestra percepción del riesgo. En este ejercicio, parece demostrarse que la naturaleza humana prefiere: una pérdida incierta a una pérdida cierta, pero preferimos una ganancia cierta a una ganancia incierta.

 

¿Qué quiere decir esto?

Esto nos muestra cómo las personas valoran de forma diferente las ganancias y las pérdidas. El efecto negativo que tiene una pérdida económica es más fuerte que el efecto positivo de una ganancia. En pocas palabras: sufrimos mucho al perder, mucho más de lo que disfrutamos al ganar.

Esto es importante porque muestra que (la mayoría, no todos) los inversionistas tenemos aversión al riesgo y preferimos certeza a incertidumbre. También existen algunos que sienten afición por el riesgo, los llamados ludópatas o adictos al juego. Al momento de decidir dónde invertir tu dinero, debes de tener en cuenta tu capacidad para soportar pérdidas y tu “zona de confort” es decir, con lo que te sientes a gusto invirtiendo.

Al invertir, hay dos variables que se intercambian, que son riesgo y rendimiento. Normalmente, a mayor riesgo, mayor rendimiento y viceversa. Si ya decidiste invertir, haz un cuestionario a conciencia y realiza la estrategia más conveniente. Si no toleras las pérdidas del día a día, invertir en instrumentos de deuda gubernamentales puede ser tu opción. Si no te importan las pérdidas en el corto plazo, puedes pensar en abrir tu horizonte a las acciones.

Recuerda que no hay un camino correcto (o portafolio óptimo) ese siempre lo decide el cliente. En el próximo post pondré un cuestionario para identificar tu perfil de inversionista y cómo se calcula el riesgo y rendimiento de un portafolio y/o instrumento de inversión.