Warren Buffett: La Flama

“Todo hombre es todos los hombres…” – Jorge Luis Borges

El Padre Tiempo continúa invicto. O como me dijo un amigo cuando me compartió la noticia: “Nada es para siempre“. Buffett anunció que se retira como CEO de Berkshire Hathaway, abriéndole paso a Greg Abel a partir de 2026.

El tiempo nos da una apreciación diferente de las cosas. ¿De qué Buffett vale la pena hablar? ¿Por qué se mereció el aplauso de pie de una arena y el reconocimiento de tantas personas al hacer el anuncio?

Si me hubieran hecho esta pregunta hace unos años, estoy seguro me habría basado en sus méritos como inversionista: su extraordinaria mente y memoria para retener datos, su habilidad de leer los ciclos económicos y de mercado, entender a fondo las empresas y particularmente su consistencia a lo largo de tantos años fue un conjuno que me causó mucha admiración. Buffett iba sonriendo al trabajo todos los días, pero tenía un instinto asesino. Todo esto que le valió reportar (en la parte ex-partnerships) 19.9% de CAGR desde 1965.

En otra etapa hubiera contestado que su faceta como negociador me impactaba más: aquella capacidad para negociar y aprovechar las oportunidades, como la crisis económica del 2008 y cómo salió avante con algunos instrumentos que solo el podía haber negociado (por ejemplo los warrants de GS).

Otra parte que destaco es Buffett el Filántropo. Firmando el famoso Giving Pledge, Buffett se comprometió públicamente a donar más del 99% de su fortuna, pensando siempre en cómo maximizar el impacto de sus donaciones.

¿O qué tal hablar del Buffett el Disciplinado? Aquél que por no aceptar el precio de $11.375 por Berkshire Hathaway acabó comprando la compañía total para cambiar al management? El mismo Buffett que decidió no heredarle demás a sus hijos para no quitarles la motivación de hacer algo propio. Aquél Buffett que asumió como CEO interino de Lehman, diciendo que quien perdiera reputación para la empresa no sería perdonado.

¿Qué tal Buffett el simpático? Aquel que desarmaba multitudes enteras con su humor autocrítico, que grababa sketches para la reunión anual de inversionistas, o aquél que apareció en The Office negociando por el puesto de gerente regional. Aquel que aparecía en la reunión de inversionistas aventando periódico, comiendo helado y saludaba a sus accionistas.

Hubo un par de experiencias que ampliaron mi percepción de Buffett. Cuando viajé a Omaha por primera vez en 2019 pude ver su impacto en la gente, en la ciudad. La ciudad se abre y recibe a todo el mundo que quiere acercarse a Buffett. Todos lo saben: las tiendas en los aeropuertos, los taxistas, los hoteles: es el fin de semana de Berkshire Hathaway. El evento reúne gente de todo el mundo, que está en un ambiente de (casi) fiesta por un fin de semana.

Me parece que este es el Buffett que entra a los libros de historia: Warren Buffett en su versión flama. El que inspiró en los demás un deseo de aprender, de mejorar y de perseguir un sueño. El que al iluminar su propio camino generó chispas de curiosidad y motivación que se esparcieron por todo el mundo.

La Flama: Aquél que repetía sus principios como mantra, de forma simple y educativa, pero siempre con un gran transfondo. Aquél que como muchos expertos, conseguía hacer parecer algo complejo en algo simple, incluso hasta accesible. Buffett, el que todos entendíamos (o eso sentíamos) cuando hablaba de finanzas.

El Buffett que vamos a recordar no sólo es un símbolo de lo que todos podemos hacer cuando decidimos correr a tope con nuestros talentos, es un paso más allá. El Buffett que vamos a recordar es el que atrajo a una generación completa de inversionistas por su éxito, pero que los mantivo inspirados por su personalidad, bonhomía y camaradería.

El legado de Buffett es justamente la inspiración de que se puede ser exitoso de manera ética, justa, con humildad y buen humor, llevando a quienes más quieres a tu lado, haciendo las cosas a tu manera. Esta chispa que nos compartio Buffett es invaluable y es el legado que le seguirá por muchos años todavía.

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