He tenido la fortuna de aprender sobre la Kabbalah de la mano de un maestro, Albert Gozlan. El mérito (y paciencia) son suyos y realmente recomendaría tanto ver sus videos (gratuitos) como leer sus libros.
Me he tardado un par de años en sentirme capaz de sintetizar un poco la información. Como diría Alexander Pope:
“A little learning is a dang’rous thing;
Drink deep, or taste not the Pierian spring:”

Una de las ideas centrales de la Kabbalah es que este mundo (material) es un espejo del mundo espiritual. Por ende, tener una vida material abundante no es otra cosa que estar alineados con el Creador y su energía, que es dadora por naturaleza.
La energía de riqueza (que se conoce como shefa en hebreo) busca canales (personas) para transitar y continuar con el flujo hacia más proyectos y personas.
Como las personas tenemos chispa divina, todos por definición merecemos recibirla, nuestro único “problema” es que a veces bloqueamos nuestro recipiente. Existen 4 grandes cosas que “tapan” la copa en la que llegaría el flujo:
- Tristeza: La energía de abundancia es positiva y no puede co-existir en su polo negativo.
- Enojo: El enojo generalmente viene del juzgar alguna situación o persona, lo que nos invita a ser juzgados y tiende a repeler la abundancia.
- Ego: Un punto central es entender que la riqueza no fue creada por nosotros. Nuestro trabajo es simplemente una excusa para disfrazar el acto divino y usarnos como recipiente y eventualmente canales transmisores de esa energía.
- Desperdiciar la capacidad creadora: Algo que compartimos con el Creador es la capacidad de moldear situaciones. Dos ejemplos: nuestras palabras (particularmente no hablar mal de los demás) y nuestra energía. Desperdiciarlos es despreciar nuestra chispa divina.
Ya seguimos el consejo de Charlie Munger de ver las cosas al revés, viendo las cosas que hay que evitar. Ahora, ¿qué sí hacer para tener éxito y abundancia según la Kabbalah?
Según las enseñanzas, el éxito no depende de la suerte ni solamente del esfuerzo físico, sino de alinear nuestra voluntad con los planes del Creador y saber manipular las energías espirituales que son la causa de los eventos físicos. Esto generalmente se hace con meditaciones y combinaciones de letras hebreas.
Además, el éxito no se sostiene solo con meditación; requiere un “recipiente” físico y moral adecuado:
- La Tzedaká (caridad) Inteligente: Dar el diezmo o ayudar a otros, especialmente a quienes estudian y enseñan Kabbalah, no es un gasto, es una inversión que abre las puertas del Cielo. La caridad “rescata de la muerte” (del fracaso) y multiplica el sustento. Algo interesante es que el término hebreo tzedaká quiere decir justicia, lo que resalta que la caridad es simplemente devolver y agradecer lo que hemos recibido.
- El Estudio de los Secretos del Cielo (Zohar): Estudiar el Zohar, leer La Ketoret y meditar con nombres de D-ios ayudar a “bajar” esta energía de abundancia.
- Eliminar la Duda: Debemos tener certeza absoluta (Betajón) de que el Creador proveerá. Una parte fascinante del hebreo es la guematría (equivalencia numérica de las letras y palabras. Un dato curioso: la duda (Safek) tiene el mismo valor numérico que Amalek (el archienemigo espiritual). Una de las interpretaciones de la Torá es que Moisés (representando al pueblo judío) tuvo una ardua batalla contra Amalek (la duda), que pareciera ser una lucha que aún existe.
- Alegría Constante: La tristeza cierra las puertas de la abundancia. Servir a D-ios con alegría y agradecer por lo que ya tenemos (aunque sea poco) es la llave para recibir más.
Un tema central de la Kabbalah es que todos tenemos algunas cosas definidas antes de nacer. Una de ellas es la cantidad de dinero que vamos a recibir en nuestra vida. Eso siempre me dejó intrigado. ¿Para qué meditar y hacer tanto trabajo entonces?
La realidad es que el trabajo espiritual no es para convencer al Creador, sino para abrir los grifos que están cerrados y para rescatar la energía del dinero de las fuerzas negativas que la tienen secuestrada. Además, D-ios nos dio papel de co-creadores, por lo que los destinos pueden ser alterados y mejorados (y los recipientes expandidos).
La esencia del dinero tiene una santidad muy grande. El trabajo que hacemos es para bajar esta energía sin tanto caos ni preocupaciones, además de aprender a compartirlo con los demás. Al agrandar ese deseo de compartir, el Creador manda más flujo porque nos convertimos en un canal, no un recipiente tapado. El resultado final es que estar alineados con la energía divina hace que la abundancia persiga a la persona y no al revés.
En resumen, la Kabbalah propone dejar de ver el dinero como una lucha física y nos invita a empezar a gestionarlo como un flujo espiritual: desbloquear (mejorando nuestros actos), atraer (con meditaciones e intención) y compartir (con Tzedaká/caridad) para mantener el flujo activo.
Solo cuando somos capaces de dominar nuestras pasiones —como la ira o el orgullo— y actuamos con un corazón puro, nos ponemos en el lugar y momento adecuados para que la riqueza fluya por caminos insospechados
Solo cuando somos capaces de dominar nuestras pasiones —como la ira o el orgullo— y actuamos con un corazón puro, nos ponemos en el lugar y momento adecuados para que la riqueza fluya por caminos insospechados
Solo cuando somos capaces de dominar nuestras pasiones (como la ira o el orgullo) y actuamos con un corazón puro, nos ponemos en el lugar y momento adecuados para que la riqueza fluya por caminos insospechados.
El libro La Kabbalah del Éxito en los Negocios de Albert Gozlan es a mi gusto el mejor texto que explica cómo pensar en la abudancia, además de explicar las meditaciones que ayudan a este propósito.
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