Distinguiendo entre suerte y habilidad

Decía Richard Feynman que “la primera regla es nunca te engañes a tí mismo, y recuerda que eres la persona más fácil de engañar.” ¿Cómo puede saber un inversionista si realmente tiene la habilidad de vencer al mercado? En una plática en Google, Michael Mauboussin detalla el cómo separar la suerte de la habilidad, y la importancia de estar conscientes de esta diferencia para tener mejores resultados.

Mauboussin nos plantea que hay un espectro del cual dependen nuestros resultados: habilidad y suerte. Existe una sencilla pregunta para saber qué tanto dependen nuestros resultados de la suerte: ¿Puedo perder a propósito? Sabemos que en el mundo relacionado con la habilidad pura, la suerte tiene una influencia relativamente pequeña. Por ejemplo: un equipo de basketball puede decidir dejar de botar la pelota y que el otro equipo siga anotando. El dominio de este tipo de juegos es la habilidad. Sin embargo, el otro extremo de estas influencias se rige por la suerte. En ellos encontramos los juegos de azar, por ejemplo la ruleta o las máquinas de los casinos (suponiendo que no están arregladas). Aquí no podemos perder intencionalmente (ni tampoco ganar).

Lo interesante de esto es que el mundo de las inversiones se encuentra cercano a la suerte, aunque dependiendo aún de la habilidad. Me atrevería a comentar que en el mundo de las inversiones, es imposible distinguir la habilidad de la suerte en el corto plazo. Sin embargo, en el largo plazo la distinción se hace evidente. Sabemos que ningún inversionista es capaz de alterar o controlar los precios por sí mismo, así que sus deseos por ver que una acción suba o baje son simplemente eso, deseos. En el corto plazo, nadie sabe a donde irá al mercado; en el largo plazo, sabemos que los precios reflejan los fundamentales de las empresas.

Por esto mismo, Mauboussin y Howard Marks, recomiendan enfocarse en el proceso, no en el resultado. Esto es difícil de justificar, particularmente en un ambiente en el que el resultado neto (utilidad o pérdida) lo rige todo. A todo inversionista le gusta decir que ganó dinero. Sin embargo, aquellos inversionistas que han sobrevivido varias crisis y siguen en el juego saben que lo importante es un enfoque en un proceso repetible, que se enfoque en los fundamentales y que sobretodo minimice la probabilidad de pérdidas importantes de capital. Distinguir la habilidad de la suerte solo se puede lograr enfocándose en el proceso, revisando lo que estuvo bien y lo que estuvo mal al momento de tomar la decisión. Shane Parrish (del famoso blog Farnam Street), recomienda llevar un manual de decisiones en el que anotamos el por qué decidimos invertir o no en una empresa. En más ocasiones de las que pensamos, nuestras tesis de inversión NO se cumplen, y dejamos fuera de nuestros modelos factores muy importantes que al final fueron los que tuvieron más impacto en el precio de determinada acción.

Invertir en una empresa por la razón equivocada y ver su precio subir podría parecer inteligente, pero, como menciona el diagrama es “Dumb Luck” y eventualmente conlleva más riesgos de los que aparenta. ¿Por qué? La razón es sencilla: cuando sobre-estimamos nuestra habilidad, nos sentimos invencibles, y eventualmente tomamos más riesgo, convencidos de que (de nuevo) tenemos la razón. El caso contrario es el inversionista que se fija y concentra en el proceso. Eventualmente irá corrigiendo y refinando, hasta que sepa con claridad lo que funciona o lo que no. Esto se vuelve repetible y lleva al éxito eventualmente. Esto se relaciona con lo que menciona Klarman: invertir es un proceso en el que se combinan la arrogancia y la humildad. La arrogancia para decir, mi lado del trade es el correcto y la humildad para decir “puedo estar equivocado” (lo que lleva a refinar el proceso).

Invertir conlleva saber lo que sabemos, pero más aún lo que no sabemos. Mantener la humildad y la disposición de aprender son claves para el éxito que no podemos pasar por alto. El mercado es muy amplio y profundo como para pensar que lo podemos controlar de alguna manera. Sin embargo, existe algo que cada uno de nosotros al invertir podemos controlar, y es la atención a nuestro proceso de inversión, a su calibración y qué tanto lo refinamos para darnos las mejores probabilidades de tener éxito.

 

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